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Los Jóvenes No Necesitan Un Título Universitario Para Luchar Por Su Futuro

Los Jóvenes No Necesitan Un Título Universitario Para Luchar Por Su Futuro

La activista climática juvenil Mishka Banuri describe cómo venció sus temores sobre el llamado “síndrome del impostor” para unirse a la lucha climática y exhorta a los jóvenes alrededor del mundo a exigir soluciones audaces a la crisis climática.

Cactus como el que se ilustra en esta imagen florecen en el desierto que se encuentra cerca del hogar de Mishka Banuri, ubicado en Utah.

Cactus como el que se ilustra en esta imagen florecen en el desierto que se encuentra cerca del hogar de Mishka Banuri, ubicado en Utah.

RACHELLE BAKER PARA EARTHJUSTICE

Mishka Banuri es una activista de 19 años de edad y cofundadora de Utah Youth Environmental Solutions (UYES), una organización que capacita a los jóvenes para responsabilizar a funcionarios en la lucha contra la crisis climática. En 2018, Banuri y UYES encabezaron un esfuerzo para aprobar una resolución en la legislatura conservadora de Utah que reconoció formalmente la validez y amenaza existencial del cambio climático.

Mishka Banuri
Rachelle Baker para Earthjustice

Hay una razón por la cual los jóvenes se encuentran entre los defensores más férreos de soluciones audaces a la crisis climática: nuestro futuro está en juego. A menos que dejemos en claro a nuestros líderes que esta es una emergencia que amenaza todos los aspectos de nuestras vidas, no escucharán.

Atribuyo mi despertar como activista ambiental a un viaje de campamento de la escuela secundaria a Bears Ears, un ícono natural en Utah compuesto por bosques de enebro, colinas y cañones. Durante años, la Coalición Intertribal de Bears Ears, un grupo de naciones indígenas, había instado al entonces presidente Barack Obama a designar el lugar como monumento nacional. Mientras estaba en Bears Ears, aprendí sobre las tribus que alguna vez lo consideraron un hogar, y cuyas huellas de manos grabadas en las rocas contaban historias de sus tradiciones culturales y profundas conexiones con el mundo natural. Se me rompió el corazón después de escuchar sobre el genocidio indígena a manos de los colonizadores europeos, y cómo las pocas tribus restantes luchaban por conservar la tierra que poseían legítimamente. Fue aquí donde entendí el significado del racismo ambiental y su profundo arraigo tanto en la historia estadounidense como en la crisis climática.

Esta experiencia eventualmente me ayudó a organizar la Marcha del Clima de las Personas de Utah en 2017. Al principio, me sentí increíblemente nerviosa de unirme. Experimenté el llamado “síndrome de impostor”, dudando de que pudiera aportar algo de valor a este grupo ya que era simplemente una estudiante de secundaria. Ni siquiera tenía un conjunto de habilidades específicas, como planificación de eventos o experiencia en medios. Pero desarrollé mi coraje y, paulatinamente, mi duda se convirtió en emoción. Los organizadores de la marcha fueron increíblemente acogedores y me crearon un espacio. Me permitieron explorar y aprender sobre la construcción de comunidades, el activismo de base y la importancia de fomentar un movimiento inclusivo que represente luchas y experiencias de vida intercaladas.

Este énfasis en la interseccionalidad resonó particularmente conmigo como musulmana pakistaní estadounidense que soy. Al crecer, leí muchas historias en el Corán que ilustraban la inherente conexión de todos los aspectos de la humanidad y el mundo natural, y que cuando contaminamos la tierra esencialmente nos estamos contaminando a nosotros mismos. Durante la marcha climática, los oradores reconocieron que el movimiento climático no solo buscaba una solución a la crisis, sino también un futuro equitativo y justo donde se logra una verdadera liberación. Esto significa garantizar que apoyemos la justicia en todos los aspectos de nuestras identidades colectivas, desde la justicia racial hasta la justicia migrante y la justicia reproductiva. Para mí, la liberación es sinónimo de autonomía, es decir, tener la capacidad de elegir cómo usar nuestros cuerpos y nuestras mentes, o poder respirar aire puro y beber agua limpia.

Los organizadores de la marcha me enseñaron a establecer un movimiento duradero a partir de un acontecimiento, aprovechando ese impulso a través de acciones posteriores que unen a las personas y fortalecen la misión principal. Si bien la marcha fue una muestra de solidaridad colectiva, los organizadores se aseguraron de que su mensaje continuara difundiéndose mucho después. Me pregunté cómo ampliaría sus esfuerzos y comencé a investigar organizaciones locales de defensa del clima.

Casi un tercio de la población de Utah tiene menos de 18 años (el promedio nacional es solo del 23 por ciento). Los jóvenes apoyan abrumadoramente la acción climática progresiva y, si se me diera la oportunidad, sabía que podríamos tener un impacto inmensamente poderoso al presionar a nuestros legisladores (generalmente más conservadores) a tomar medidas audaces en esta crisis.

En los cuatro años desde que se fundó UYES, hemos crecido enormemente y hemos forjado una reputación como defensor eficaz e implacable de una acción climática valerosa. Hemos exigido una rendición de cuentas a nuestros líderes a pesar de encontrar una adversidad increíble.

En 2018, convencimos a nuestros legisladores para que aprobaran una resolución estatal que reconociera formalmente la amenaza del cambio climático. Lo hicimos organizando una audiencia independiente y llenándola con una sala llena de jóvenes para hablar sobre la necesidad de una acción climática urgente. Mis compañeros también llamaron a las oficinas de sus representantes sin parar, hasta el punto en que un representante dijo que votaría para apoyar la resolución una vez las llamadas a su oficina terminaran.

Cuando cuestionamos la falta de acción sobre el cambio climático, los políticos y los legisladores a menudo me dicen lo que según ellos debo oír: “Tu pasión es muy inspiradora. Deberías ir a la universidad, luego postularte para un cargo y hacer este trabajo”.

Pero la realidad es que no tenemos más tiempo para esperar una resolución sobre esta crisis, y los jóvenes no necesitan un título que los califique para luchar por su futuro.

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